Rojobreros y Azuletes (Obra de Teatro Infantil)

Obra de teatro infantil 

Rojobreros y Azuletes

Edades de los actores: 3 a 6 años.

 

Público: todas la edades.

 

Idea central: todos necesitamos unos de otros, pues cada cual tiene su función. Véase 1° Corintios 12.

 

Escenografía:

 

Un paisaje detrás. Del lado de la derecha, montañas de hortalizas. Del lado de la derecha, una

Casa grande, que permita que los niños se metan dentro. Habrá una pared móvil, de manera de

Poder ponerla en el centro del escenario, dividiéndolo a la mitad.

 

Observaciones:

El relator llevará el hilo de la obra, estando atento a aminorar o adelantar el ritmo del relato. Los

Niños, acorde al relato y a la guía de sus maestros, irán actuando todo lo que oyen. El único

Atuendo obligado es el sombrero de color que cada uno debe poseer.

Los robots serán dos adultos altos disfrazados. Atención: el disfraz y la actuación de los adultos

No debe asustar a los niños sino todo lo contrario, divertirlos.

 

Relato

Cuenta la leyenda una historia de dos pueblos que vivían pegaditos, uno al lado del otro.

La gente de uno de los pueblos siempre usaba sombreros: altos o bajitos, con o sin visera, gorras, boinas o

Bonetes, ¡sombreros de toda clase! Pero, eso sí, todos eran de color rojo. Y como todos tenían sombreros

Rojos, los llamaron “rojobreros”. Los sombreros los protegían del sol y de la lluvia cuando ellos se iban al

Campo a trabajar. Es que los rojobreros sembraban y cultivaban un montón de comida: lechuga, choclo,

Papas, arroz; también duraznos y peras; pero los que mas le gustaban eran los tomates, manzanas, ciruelas

y frutillas.

 

Los rojobreros cantaban así:

Somos los rojobreros

Rojo es nuestro color,

También verduras tenemos,

Papas y coliflor.

El otro pueblo vecino, también llevaba sombreros, gorras, cofias y capuchas  en la cabeza, pero ellos

Preferían el color azul. Fue así que los llamaron “azuletes”. Los azuletes no sabían trabajar la tierra, pero

Eran expertos constructores: hacían casas, cuchas de perro, edificios y canchas de fútbol.

Y así cantaban los azuletes:

Nos llaman los Azuletes

Nos gusta la construcción

Azul es nuestro bonete

Y azul es nuestra canción.

Los azuletes y los rojobreros estaban peleados, unos porque no les gustaba el color rojo, otros porque no

Les gustaba el azul.

Primero, sólo se miraban mal.

Luego, empezaron a decir cosas unos de otros, cada vez se decían peores cosas y se enojaban más.

Fue así que decidieron hacer una gran pared para separar a los dos pueblos y no verse más.

Pero la pared no fue suficiente.

Primero, uno tiró un papelito.

Después otro contestó con dos.

Empeoró cuando otro tiró una verdura.

Y peor aún, cuando contestaron con ladrillos.

¡Era algo terrible! Volaba toda clase de cosas… ¡era una guerra!

El científico de los rojobreros decidió poner fin a todo esto: “Voy a hacer un robot gigante” -dijo- “para

Así mantener a raya a los azuletes”. Y enseguida comenzó a construirlo. Pero el científico de los azuletes

Se enteró del asunto y decidió también construir un robot.

Cuando terminaron los robots, los científicos tomaron los controles remotos y enviaron a los muñecos

Mecánicos a la batalla. “¡Pam, pim, pum!” se escuchaba. “¡Dale, dale Rojotrón!”, gritaban los rojobreros.

“¡Olé, ole, Azulectric!”, contestaban los azuletes.

Y así, cada tarde, los robots iban a la lucha.

Pero pasó un tiempo y vino el invierno. Comenzó a hacer frío, cada vez mas y mas. ¡Hacía mucho mas

frío que en otros inviernos! Los árboles ya no tenían hojas, y las plantas ya habían desaparecido del

Campo.

Los rojobreros tenían mucho frío… se abrazaban todos para no tener tanto, pero igual temblaban y

Temblaban. Es que no tenían una casa donde meterse. Los azuletes estaban dentro de su casa y no tenían

Frío… pero tenían mucho hambre. No había comida en ninguna parte, porque en el campo no quedaba

Nada. Tanto frío tenían unos, y tanto hambre tenían otros, que se olvidaron de pelear. ¡No tenían ni

Fuerza!.

Pero un día, cuando estaban en el peor frío, un rojobrero fue hasta el borde de la pared y miró hacia la

Casa de los azuletes. Un azulete lo vio y, con mucho cuidado, fue hasta el borde. Los dos se miraron.

-¡Tenemos mucho frío!- dijo el rojobrero.

-¡Tenemos mucho hambre!- dijo el azulete.

De repente, el azulete dijo:

-¡Tengo una idea! Nosotros tenemos casa y ustedes comida… ¿por qué no compartimos? Nosotros les

Damos casa y ustedes nos dan comida.

-¡Claro! Pero hay un problema… estamos todos peleados… ¿y sin nos amigamos?

Se miraron un momento y enseguida se dieron un abrazo.

-¡Perdóname! -dijo uno.

-¡Perdóname! -contestó el otro.

Cada uno se sacó su sombrero y se lo regaló al otro.

Los otros rojobreros y azuletes, que habían estado mirando, vinieron corriendo, contentos de lo que estaba

Pasando. Ellos también se sacaron los sombreros y se los cambiaron.

-¿Qué hacemos ahora con esta pared?-dijo uno.

-¡Hagamos que los robots la saquen!

Llamaron a los robots y en un periquete habían sacado la pared.

Los rojobreros trajeron su comida y la pusieron la casa de los azuletes, y todos se metieron en la casa.

¡Que contentos que estaban! Estaban abrigados, sin hambre y eran todos amigos. ¡Hasta los robots se

Hicieron amigos!

A partir de ese día, ya no se llamaron más ni rojobreros ni azuletes, sino que se pusieron los rojo azules,

Porque siempre estarían juntos.

Ellos habían entendido que necesitaban unos de otros, que unos sabían hacer una cosa y otra otra. Lo

Mismo le pasa a todas las personas: unas saben cantar, otras limpiar, otras saben hablar bien, otras saben

Arreglar cosas… ¡pero nadie saber hacer bien todo junto! Por eso necesitamos ayudarnos todos.

Y esta fue la historia de dos pueblos que terminaron siendo uno solo.

Azulín colorado, este cuento se ha terminado.

……………

 

Escritor   Luis  Omar  Quintero  Sánchez

Para: www.destellodesugloria.org

 


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